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Margo Oberg fue la Campeona Mundial de Surf en la cuarta edición del Mundial ISA realizado en 1968 en Rincón, Puerto Rico. Tenía 15 cuando ganó dicho evento que resultó ser el comienzo de una de las más grandes e influyentes carreras profesionales de la historia del deporte.
Sigue abajo un excelente artículo del reconocido Periodista de Surf, Jason Borte escrito en Surfline.com en el 2001. Hace una recorrida por la vida de Margo y su inmenso impacto en el surfing femenino actual.
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El surfing femenino, más allá del boom de los 90 en el mercado, no es respetado.
Muchos todavía piensan que ver a las mejores surfistas profesionales del mundo es la milagrosa cura para el insomnio. Hay excepciones, pero en general, las damas no están precisamente destacándose. A mediados de los 70, las damas todavía estaban demostrando que merecían un circuito, y las simpáticas temerarias como Lynne Boyer y Margo Oberg se destacaban en las olas grandes. Oberg no sólo dominó el surfing femenino durante tres décadas, era también considerada como una de las pocas mujeres que valía la pena mirar incluso para los más severos machistas.
Cuando la pequeña Oberg tenía cinco, los Godfreys se mudaron de Pennsylvania para la afluente ciudad costera de La Jolla, California.
Surfeó con colchonetas inflables, jugó y compitió en tenis y comenzó a surfear a los diez para ser parte del grupo. Pero, en su primer campeonato, supo que algo había comenzado. Siendo la más joven competidora, se llevó la categoría Open Damas. El mismo año ganó un evento en la categoría Menehune y su futuro fue escrito.
Cuando Oberg llegó a la secundaria, su curriculum habló solo: ella era entrenada por su ídolo, Mike Doyle, aprendió estrategia gracias a
Corky Carroll y basó su estilo mirando a Skip Frye. A los quince ganó el Campeonato Mundial de 1968, el Título de la Asociación de Surf del Oeste y el Surfer Poll.
Conoció a Steve Oberg en Encinitas en 1972, y después de estar juntos por dos semanas, se casaron. La pareja se mudó a un terreno de dos hectáreas apartado en la costa sur de Kauai, en donde encontró refugio de su estatus como estrella del surfing. Durante tres años, fue simplemente una ama de casa, pero el surfing profesional golpeaba su puerta.
Comenzó en 1975, Lightning Bolt le dio el empujón con un sustancial contrato para la época. Oberg ganó todo lo que tenía a la vista y llevó el surfing femenino a un nivel respetable que todavía tiene que recuperar. Cuando la IPS agregó la corona femenina al tour anual, habían pocas dudas de que se lo llevaría Oberg.
En 1978 perdió el título contra Boyer por el más corto margen de la historia, pero volvió a ganar el Surfer Poll que había vencido diez años antes. Luego de un 1979 sabático en Kauai, retornó como Campeona Mundial por dos temporadas consecutivas. Y resurgiría nuevamente en 1984 y 1989, siempre estampando su supremacía en el surfing de olas grandes.
La vida en Kauai le asentaba bien a Oberg. Comenzó dando lecciones de surf a mediados de los 70 y en 1977 comenzó con la Margo Oberg Surfing School, que todavía tiene y opera. Ella estaba ganando alrededor de 50,000 USD anuales, un buen segundo ingreso incluso para los estándares actuales. "La escuela de surf me dio más dinero que el surfing profesional", ella insiste. “Además tenía un trabajo de cómo directora de la playa en el Kiahuna Resort".
Ella y Steve tuvieron dos hijos en los 80, Shane Kanoi, un gran bodyboarder hawaiano y Jason Kaipo, un ávido skater.
Con respecto a la falta de mujeres surfeando olas grandes, Oberg le echa la culpa al sistema. " Con la excepción de Layne Beachley y tal vez Rochelle (Ballard), todas son profesionales de olas chicas. No se necesita surfear olas grandes para ser Campeona Mundial".
Habiendo dejado las competencias de lado, Oberg pasa su tiempo ayudando en los eventos y enseñándole a otros por medio de su surf camp. Y mientras que no es precisamente visible en el Circuito Mundial, su influencia se mantiene. Ballard, reconocida como una de las principales surfistas de olas grandes y la única que cuenta con lo necesario para los tubos, creció mirando a Oberg en Kauai. Por lo que cada vez que Ballard se mete en un tubo, inspirada por Oberg, aumenta el nivel de compromiso en el surfing femenino, acercándose más que nunca al estándar dejado por la propia Oberg.
Jason Borte, 2001

